A veces duele el corazón y no lo sientes.
Es una sensación extraña,
una especie de encogimiento que te aprisiona,
que te ata y te hace sentir que algo pasa,
que algo sucede más allá de tus sentidos,
aunque no sientas dolor alguno,
y aunque los cielos se estremezcan.
Duele el corazón y no la válvula del pecho,
¡duele el alma!
Y duele cuando ves al mundo tan deprisa,
el mundo indiferente a las caricias,
el mundo que se agita y se pelea
en luchas intestinas,
que a nada llevan ni conducen,
salvo a odiarse las personas sin motivo.
Pero duele el corazón, algunas veces,
y duele al ver al ser amado.
¡Al verle sí, y verle tan distante!.
Entonces te estremeces nuevamente
y aquel escalofrío retenido recorre tus sentidos.
Es un dolor indefinido e incongruente,
es un dolor que no se puede valorar,
ni tampoco medir, ni pesar,
pero que está ahí, en tu corazón y en tu alma.
"...¡Si pudieras gritar lo que se ahoga en tu pecho!
¡Si pudieras decir todo aquello que guardas!
¡Si pudieras sentir el calor de sus besos!
¡Si pudieras amar y sentir que te aman!..."
Sin querer, te han salido unos versos.
Unos versos amargos de ese alma que llora,
de ese alma que pide una tierna mirada,
un susurro, una voz, unas letras
y quizás con las mismas tal vez se aliviara
el dolor que ahora siente.
A veces duele el corazón sin darnos cuenta.
Nos duele por el miedo a la derrota,
a la palabra vacía y hueca,
a la palabra pronunciada
y que no llega a su destino,
a la palabra que esperamos
en una estación vacía y sin andenes.
Nos duele el corazón y no tenemos medicina para ello.
Quizás es un reflejo de la vida,
un retrato del dolor que nos rodea,
de la falta de amor y de cariño,
de esa ausencia de alegría que deberíamos
buscar a cada hora.
A veces duele el corazón estando vivos,
lo malo es que nos duela estando muertos
en la vida,
en nuestra propia vida,
sin metas, ni ambiciones,
sin pedazo de pan que llevar a la boca,
recogiendo migajas como aves de paso
y suplicando limosna de los ojos que pasan.
A veces duele el corazón, y me resisto.
No quiero que me duela,
no quiero esas migajas y limosnas.
Te quiero a ti, amor, por mucho que me duela.
Teseo ©
25/05/08
Es una sensación extraña,
una especie de encogimiento que te aprisiona,
que te ata y te hace sentir que algo pasa,
que algo sucede más allá de tus sentidos,
aunque no sientas dolor alguno,
y aunque los cielos se estremezcan.
Duele el corazón y no la válvula del pecho,
¡duele el alma!
Y duele cuando ves al mundo tan deprisa,
el mundo indiferente a las caricias,
el mundo que se agita y se pelea
en luchas intestinas,
que a nada llevan ni conducen,
salvo a odiarse las personas sin motivo.
Pero duele el corazón, algunas veces,
y duele al ver al ser amado.
¡Al verle sí, y verle tan distante!.
Entonces te estremeces nuevamente
y aquel escalofrío retenido recorre tus sentidos.
Es un dolor indefinido e incongruente,
es un dolor que no se puede valorar,
ni tampoco medir, ni pesar,
pero que está ahí, en tu corazón y en tu alma.
"...¡Si pudieras gritar lo que se ahoga en tu pecho!
¡Si pudieras decir todo aquello que guardas!
¡Si pudieras sentir el calor de sus besos!
¡Si pudieras amar y sentir que te aman!..."
Sin querer, te han salido unos versos.
Unos versos amargos de ese alma que llora,
de ese alma que pide una tierna mirada,
un susurro, una voz, unas letras
y quizás con las mismas tal vez se aliviara
el dolor que ahora siente.
A veces duele el corazón sin darnos cuenta.
Nos duele por el miedo a la derrota,
a la palabra vacía y hueca,
a la palabra pronunciada
y que no llega a su destino,
a la palabra que esperamos
en una estación vacía y sin andenes.
Nos duele el corazón y no tenemos medicina para ello.
Quizás es un reflejo de la vida,
un retrato del dolor que nos rodea,
de la falta de amor y de cariño,
de esa ausencia de alegría que deberíamos
buscar a cada hora.
A veces duele el corazón estando vivos,
lo malo es que nos duela estando muertos
en la vida,
en nuestra propia vida,
sin metas, ni ambiciones,
sin pedazo de pan que llevar a la boca,
recogiendo migajas como aves de paso
y suplicando limosna de los ojos que pasan.
A veces duele el corazón, y me resisto.
No quiero que me duela,
no quiero esas migajas y limosnas.
Te quiero a ti, amor, por mucho que me duela.
Teseo ©
25/05/08

