¡Flores para el niño, flores!,
rosas y claveles blancos,
que le envuelvan con su aroma
y lo cubran con su manto.
Que lo vistan de ternura,
y le den el dulce encanto,
de ese niño tan travieso,
juguetón y campechano.
Que camina por los montes
que pasea por los campos,
y recoge margaritas
con los dedos de su mano.
Teseo ©
08/08/08

