Dos ojos escapados de los cielos
pedían en silencio una plegaria,
los hombres que pasaban a su lado,
veían, solamente, las montañas.
Los ojos, reflejaban mil suspiros,
en ondas que la brisa levantaba,
las aguas de dos lindas lagunitas,
lagunas de Lloroza, solitarias.
Sus ojos recibían manantiales
y gotas que las lluvias les mandaban,
y luego se escapaban revoltosas
en busca de los valles y las campas.
Teseo ©
25/05/08
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