Un día me pedistes un poema
y quedé con tu ruego en mis oídos,
tenía muchos versos en la mente
pero pocos, quizás, muy bien pulidos.
Tenía tantas cosas para darte,
más quería ofrecerte mis sentidos;
no quería palabras enlazadas
ni tampoco unos versos aburridos.
Quería que mis versos te llevaran
el amor, sin remiendos ni vestidos,
un amor renacido de mi pecho
que llevara a tu lado mis latidos.
Teseo ©
24/05/08
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