Hay veces que se nublan nuestros ojos,
y la lluvia se asoma a los sentidos,
son lágrimas brotando tan traidoras
son las gotas del llanto y del rocío,
Preguntas a los cielos que te pasa,
te dices a ti mismo los motivos,
no hay nada a esa pregunta que te haces,
ni nada te contestan tus latidos.
Quisieras se pararan los relojes,
tu cuerpo se estremece y no de frío,
te llevas una mano a tu costado
y sabes que estás muerto aunque estés vivo.
Deseas hoy dormir profundamente,
soñar con tantas cosas que has querido,
sentir esa caricia que tu anhelas,
notar del ser amado su cariño.
Pero todo son sueños e ilusiones,
como lluvia que corre en el camino,
sólo existe ese agua de tus ojos,
el que baja y se posa en tu vestido.
Con los ojos cerrados te abandonas,
en tus labios afloran cien suspiros,
y tu pecho galopa en la distancia,
va buscando ese rostro tan querido.
Todo es humo que brota entre la niebla,
es un sueño de bruma retenido,
es dolor que palpita y que golpea,
es la nube que marcha al infinito.
Y te quedas regando ese pañuelo,
con la sangre de amante malherido,
una lanza golpea tu costado,
hay dolor en el pecho de ese niño.
Hay dolor y tristeza en esta noche,
hay ausencia sin causa ni motivo,
hay silencio en la tarde que se acaba,
todo es sueño la vida que has vivido.
Se te acaba de pronto la esperanza,
porque sabes muy bien que no has mentido,
a pesar de las burlas y las risas
,aunque digan mil veces que te han visto.
Se te acaba lo copa de paciencia,
y con ella la esencia de ese vino,
dormirás para siempre en esta hora,
sentirás en tus venas el cuchillo.
Al final, embriagado por tus sueños,
marcharás de este mundo tan indigno,
marcharás sin maleta ni equipaje,
a llorar por aquello que has perdido.
Rafael Sánchez Ortega ©
01/07/08

